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viernes, 7 de septiembre de 2012

Colegios y Justicia Gratuita

Ayer tuve la oportunidad de comentar con un ingeniero colegiado, algunas consideraciones sobre el modelo regulatorio en nuestro país y, en definitiva, sobre el servicio a la sociedad y a los colegiados que se ofrece desde los Colegios Profesionales. Casualmente hace unos días también tuve oportunidad de leer un interesante artículo del Dr. Rogeli Altisent ¿Colegiación libre o universal? ¿Dónde está el interés general? cuyo planteamiento es válido para también las profesiones reguladas de ingeniería. En definitiva llegábamos a la conclusión del gran desconocimiento existente de los servicios que se ofrecen desde los colegios y no digamos ya, las prestaciones que se orientan a la ciudadanía en general.
En esta línea, es lamentable que un servicio bien conocido como el de la "Justicia Gratuita", que se está realizando diligentemente desde los Colegios hacia aquellas personas con mayores dificultades, no se esté valorando como debe. Nuestros compañeros del turno de oficio llevan desde el año 2008 sin recibir un solo euro de nuestra Consellería de Justicia, además de que los honorarios percibidos están muy por debajo del coste y el trabajo que algunos informes periciales conllevan. La ayuda hacia los más desfavorecidos es un servicio importante a la sociedad, pero parece que no es prioritario desde el punto de vista de nuestros políticos autonómicos. No obstante desde los Colegios seguiremos trabajando para mantenerlo hasta que no podamos más.
Por otro lado, la fiebre desregulatoria que desde Madrid se enarbola, parece que se ha convertido en la única salida de la crisis para este país. Resulta paradójico que se siga persiguiendo esa desregulación (como aquella corriente de pensamiento que no hace mucho propugnaba la desaparición de las Diputaciones desde las filas socialistas, cuando se demuestra ahora que, al menos en Alicante, es de las entidades más solventes y saneadas que existen a nivel local...). Por tanto, puestos a desregular, DESREGULEMOS!!: eliminemos a los Notarios, garantes y fedatarios públicos de infinidad de documentos administrativos. Eliminemos también, por ejemplo, la Inspección Técnica de Vehículos, garantes de la fiabilidad de nuestro parque automovílístico. Liberalicemos, ya que nos ponemos, a las Farmacias, que cese el pulso a la que están siendo sometidas por los gobiernos autonómicos y centrales por los impagos y que los medicamentos se conviertan en moneda de cambio para hacer ricos a unos pocos definitivamente y se abra un mercado negro que traerá tinieblas y decadencia, aún más si cabe. Tendamos, por tanto, a esa unión de estados "yanqui" de libertades exacerbadas y de oportunidades. Por tanto, resumo, parece que nos hemos ido al otro extremo del problema.
Todo esto es lamentable. No digo que no sea necesaria una restructuración, pero, utilicemos nuestras Instituciones: oteemos caminos que nos devuelvan a una racionalidad de los planteamientos. Seamos honestos, que desde cada individuo parta un planteamiento constructivo de crecimiento y prosperidad (¡¡¡no de riqueza!!!) y que nuestros políticos lo sepan armonizar, encauzar y controlar.
El papel de los profesionales de la ingeniería es vital para una etapa como la que nos encontramos, en la que necesitamos crecimiento, ingenio y prosperidad, y la ingeniería toma un papel relevante en la generación de valor para un país. No la exprimamos, utilicémosla para conseguir competitividad y empleabilidad.

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